Dios no se acordó de mi

La trama de Dios no se acordó de mí comienza en un lóbrego y frío mes de enero de 1951, justo en ese momento en que se empezaba a vislumbrar el fin de los años más duros de la posguerra, pero cuando todavía la miseria era dueña y señora del país. Y lo hace con la narración de un asesinato salvaje que alberga en sus entrañas un misterio que, décadas más tarde, Emilio y Raúl intentarán desvelar en un Madrid muy diferente al de entonces y, que sin embargo, guarda ciertos paralelismos con este. Raúl, hijo biológico del asesinado, contratará los servicios de Emilio para la investigación de la desaparición su padre y, además, para encontrar el dinero robado que fue aparentemente el móvil del crimen, un dinero perdido que pertenecía a familias de la élite franquista y que ahora desea destinar a paliar las consecuencias de la actual crisis económica.

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